La simbiosis micorrícica es un contrato: carbono de la planta a cambio de agua y nutrientes. Como todo contrato, se puede rescindir —y cuando sobra fósforo lo rescinde la planta, no el hongo.
Cómo funciona la simbiosis
La mayoría de las plantas terrestres forman micorrizas arbusculares con hongos del orden Glomeromycota. Son biótrofos obligados: no viven sin planta. El intercambio es explícito —nutrientes minerales, sobre todo fosfato, a cambio de carbohidratos— y la planta paga de verdad: una parte de su fotosintetizado se va por esa vía.
Lo que conviene tener claro antes de decidir nada es que hay dos caminos por los que el fósforo entra en la raíz: el directo, por los pelos radiculares, y el micorrícico, por el hongo. Smith, Jakobsen, Grønlund y Smith (2011) resumieron por qué eso cambia la lectura de cualquier ensayo, y la consecuencia está contada con detalle en el post sobre fósforo: la vía micorrícica puede estar aportando la mayor parte del P que absorbe la planta aunque la respuesta en crecimiento sea nula. No ver efecto no es no haber efecto; es que el fósforo entró por otra puerta.
Qué aporta además del fósforo
Reducir la micorriza a «más fósforo» deja fuera tres cosas que en secano mediterráneo pesan más que el P:
Agua. La relación entre micorriza, relaciones hídricas y sequía es un campo entero; Augé (2001) lo revisó en el trabajo que sigue siendo la referencia. El micelio explora un volumen de suelo que la raíz no alcanza, con un coste de carbono muy inferior al de construir raíz nueva.
Zinc. Lehmann, Veresoglou, Leifheit y Rillig (2014) hicieron un metaanálisis de efectos aleatorios sobre 104 artículos y 263 ensayos: las micorrizas tuvieron un efecto positivo global sobre la concentración de Zn en todos los tejidos analizados —parte aérea, raíz, fruto y semilla—, modulado sobre todo por la textura del suelo. El pH y el Zn del suelo afectaban al Zn de la parte aérea, y el P del suelo al del fruto.
Estructura del suelo. Rillig y Mummey (2006) revisaron la relación entre micorrizas y estructura: el micelio no solo transporta, también agrega. Eso se traduce en infiltración y en retención de agua, que es otra vez agua.
Por qué el fósforo alto apaga la simbiosis
Cuando hay mucho fosfato disponible, la planta puede cubrir su demanda sin el hongo y la micorriza se suprime. La interpretación que hacen Breuillin y colaboradores (2010) es que se trata de una estrategia activa de la planta para dejar de pagar carbohidratos a un socio que ya no le hace falta: deja de alimentar su proliferación en la raíz.
Su trabajo en petunia detalla el mecanismo, y hay dos detalles con consecuencias prácticas. El primero: el fosfato actúa de forma sistémica —reprime la expresión de genes de simbiosis y la colonización en toda la raíz, no solo donde se aplicó—. El segundo, el que importa a pie de campo: en raíces ya micorrizadas la represión génica es rápida, pero la caída de la colonización tarda más de una semana en verse. Entre los genes reprimidos están los de la síntesis de carotenoides y estrigolactonas —las señales con las que la planta llama al hongo— y los transportadores de fosfato asociados a la simbiosis.
Dicho en términos de manejo: un abonado fosfatado generoso y una inoculación micorrícica en la misma campaña se están peleando. Y si se muestrea a los pocos días de fertilizar buscando colonización, el dato llega antes de que el efecto sea visible.
Por qué inocular micorrizas falla más de lo que se cuenta
El trabajo de referencia aquí es el metaanálisis de Hoeksema y colaboradores (2010), que empieza por donde hay que empezar: los efectos de la simbiosis sobre la planta cubren todo el continuo entre el mutualismo y el parasitismo. No es que a veces no funcione; es que a veces resta.
Evaluaron cinco categorías de factores —identidad y rasgos de la planta huésped, tipo de hongo, fertilidad del suelo, complejidad biótica y si el ensayo era de laboratorio o de campo— y lo que salió arriba fue, en sus propias palabras, sorprendente:
Los dos predictores dominantes de la respuesta a la inoculación fueron el grupo funcional de la planta y la fertilización nitrogenada, muy por encima del resto.
Respondieron mejor las herbáceas no fijadoras de N, las leñosas y las gramíneas C4. Respondieron peor las plantas con simbiontes fijadores de nitrógeno y las gramíneas C3.
En laboratorio, la respuesta era más positiva cuanto más compleja era la comunidad del suelo. El inóculo no trabaja en el vacío.
Los análisis univariantes apoyaron lo que cabía esperar: la respuesta es más positiva cuando la planta está limitada por fósforo y no por nitrógeno.
De ahí sale una regla de decisión bastante limpia antes de comprar un inoculante micorrícico: mira primero el fósforo y el nitrógeno de la analítica. En una parcela con P alto, o en una limitada por N, lo probable es no ver nada, y no será culpa del producto. Es la misma historia que el post sobre inoculaciones, con una vuelta de tuerca: aquí el nicho no está ocupado por un competidor, lo está cerrando la propia planta.
Labranza y barbecho: lo que destruye el micelio
El micelio extrarradical es una red física, y el apero la corta. Säle y colaboradores (2015) lo midieron en un ensayo de larga duración en Frick (Suiza), con laboreo reducido frente a vertedera convencional en suelos arcillosos en ecológico desde 2002, más una pradera permanente y dos parcelas convencionales de la zona como controles. Identificaron más de 50.000 esporas a nivel de especie:
53 especies de hongos micorrícicos en total, con 38 en la pradera permanente, 33 en cada uno de los dos sistemas ecológicos de laboreo reducido y 28–33 tanto en el ecológico con vertedera como en el convencional.
La densidad de esporas y la riqueza de especies aumentaron en el horizonte superficial con laboreo reducidofrente a las parcelas con vertedera; entre 10 y 20 cm también fue mayor el índice de diversidad.
Dos lecturas. Una, que la pradera permanente gana a cualquier sistema de cultivo: lo que más favorece a la micorriza es raíz viva todo el año y suelo sin remover. Otra, menos cómoda: la diferencia entre ecológico con vertedera y convencional fue pequeña. Lo que mueve la aguja aquí es el apero, no la etiqueta.
El barbecho largo y limpio actúa por el otro lado: sin huésped no hay simbiosis, y el micelio y las esporas se van agotando. Por eso una cubierta funciona también aquí —en el post de cubiertas está la cifra: en torno a un 30 % más de colonización micorrícica en el cultivo siguiente, tanto por poner cubierta como por reducir el laboreo.
Qué hacemos en AIMA Agro
Los hongos micorrícicos se ven con ITS, no con 16S, y conviene decirlo porque es el error que más veces deja un ensayo de micorrizas sin datos. En análisis de cultivos el marcador se elige según la pregunta, y para esta no hay elección.
Lo que un perfil de microbioma contesta es qué hongos micorrícicos hay y en qué proporción, no cuánta raíz está colonizada: eso último se mide tiñendo raíz y contando al microscopio, que es otra técnica. Las dos cosas son útiles y no se sustituyen; confundirlas es la fuente habitual de decepción con el informe.
Un factor que en leñosos conviene no olvidar es el portainjerto. Vargas Ribera y colaboradores (2025) compararon seis portainjertos comerciales de Prunus en un almendral de quince años del IRTA en Lleida y encontraron comunidades radiculares distintas según el fondo genético: los de P. persica se enriquecieron en hongos micorrícicos Rhizoglomus y Entrophospora, y los de P. cerasifera en Streptomyces pero también en grupos con fitopatógenos conocidos. Es una sola parcela y un único muestreo, así que son asociaciones; la consecuencia de diseño, en cambio, es firme: en un ensayo de micorrizas o de bioestimulantes en almendro, el portainjerto va como factor, no como ruido. El resumen está en nuestra sección de ciencia.
Referencias
Smith, S. E., Jakobsen, I., Grønlund, M., & Smith, F. A. (2011). Roles of arbuscular mycorrhizas in plant phosphorus nutrition. Plant Physiology, 156(3), 1050–1057. DOI: 10.1104/pp.111.174581
Breuillin, F., Schramm, J., Hajirezaei, M., Ahkami, A., Favre, P., Druege, U., et al. (2010). Phosphate systemically inhibits development of arbuscular mycorrhiza in Petunia hybrida and represses genes involved in mycorrhizal functioning. The Plant Journal, 64(6), 1002–1017. DOI: 10.1111/j.1365-313X.2010.04385.x
Hoeksema, J. D., Chaudhary, V. B., Gehring, C. A., Johnson, N. C., Karst, J., Koide, R. T., et al. (2010). A meta-analysis of context-dependency in plant response to inoculation with mycorrhizal fungi. Ecology Letters, 13(3), 394–407. DOI: 10.1111/j.1461-0248.2009.01430.x
Augé, R. M. (2001). Water relations, drought and vesicular-arbuscular mycorrhizal symbiosis. Mycorrhiza, 11(1), 3–42. DOI: 10.1007/s005720100097
Rillig, M. C., & Mummey, D. L. (2006). Mycorrhizas and soil structure. New Phytologist, 171(1), 41–53. DOI: 10.1111/j.1469-8137.2006.01750.x
Lehmann, A., Veresoglou, S. D., Leifheit, E. F., & Rillig, M. C. (2014). Arbuscular mycorrhizal influence on zinc nutrition in crop plants – A meta-analysis. Soil Biology and Biochemistry, 69, 123–131. DOI: 10.1016/j.soilbio.2013.11.001
Säle, V., Aguilera, P., Laczko, E., Mäder, P., Berner, A., Zihlmann, U., et al. (2015). Impact of conservation tillage and organic farming on the diversity of arbuscular mycorrhizal fungi. Soil Biology and Biochemistry, 84, 38–52. DOI: 10.1016/j.soilbio.2015.02.005
Vargas Ribera, P. R., Parladé, J., Luque, J., Biel, C., Calvet, C., Miarnau, X., & Nogales, A. (2025). Rootstock genetic background in almond cultivation influences the composition of root-associated microbial communities. BMC Plant Biology, 25(1). DOI: 10.1186/s12870-025-07895-8

