Cubiertas vegetales: los hongos responden mucho más que las bacterias

Cubiertas vegetales: los hongos responden mucho más que las bacterias

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Equipo Científico AIMA

AIMA Agro ·
10 min de lectura
Cultivos
Suelo

La cubierta no cambia «el microbioma» en bloque. Cambia sobre todo la parte fúngica, y mucho menos la bacteriana. Eso explica por qué tantos ensayos de cubiertas salen planos: se midió el grupo que menos se mueve.

Qué cambia, y cuánto

Kim, Zabaloy, Guan y Villamil (2020) reunieron 60 estudios que comparaban cubierta frente a barbecho desnudo y estimaron el efecto sobre tres cosas distintas, que conviene no mezclar:

  • Abundancia microbiana: +27 %. Hay más biomasa. Es el efecto grande y el más fácil de detectar.

  • Actividad: +22 %. Esa biomasa está trabajando, no solo presente.

  • Diversidad: +2,5 %. Casi nada. Y es justamente el número que casi todos los informes ponen en portada.

Esa última línea merece quedarse. Si un ensayo de cubiertas se juzga por un índice de diversidad alfa, lo más probable es que no se vea nada aunque el suelo haya cambiado: el efecto está en cuánta biomasa hay y qué hace, no en cuántas especies distintas se cuentan. En el mismo trabajo el efecto era menos marcado en clima continental, cuando la cubierta se terminaba con herbicida y cuando ya se practicaba laboreo de conservación.

Sobre plazos, Finney, Buyer y Kaye (2017) muestrearon ocho especies de cubierta —solas y en mezclas— a los dos y a los nueve meses de la siembra, antes de terminarla. En ambos momentos la concentración total de PLFA era mayor que en los testigos con vegetación espontánea (+5,37 y +10,20 nmol g⁻¹ respectivamente). No hay que esperar años para ver el primer movimiento; lo que tarda es que se consolide.

Es el mismo fenómeno que Hartman y colaboradores (2018) describieron para el conjunto de las prácticas de cultivo: el manejo deja un patrón de abundancias reconocible en el suelo y en la raíz. La cubierta es una de las prácticas que más lo mueve, y por eso es medible.

Por qué los hongos responden antes

La razón es trivial y decide el diseño del análisis: buena parte de los hongos del suelo vive directamente del carbono de la planta —exudados, raicillas, restos— o en simbiosis con ella. Poner una cubierta es poner raíz viva y hojarasca donde antes había suelo desnudo. Las bacterias se benefician del cambio, pero de forma más difusa.

La pieza más concreta la aporta el metaanálisis de Bowles, Jackson, Loeher y Cavagnaro (2017), con 54 estudios de campo en cinco continentes: la cubierta de invierno aumentó en torno a un 30 % la colonización por micorrizas arbusculares de las raíces del cultivo de renta posterior, prácticamente lo mismo que conseguía reducir la intensidad del laboreo. Los autores son explícitos en el límite: la colonización sube de forma consistente, mientras que los cambios en diversidad y composición de la comunidad micorrícica aparecen en varios estudios pero no de forma consistente.

Y el efecto dura más que la propia cubierta. Detheridge y colaboradores (2016) hicieron metabarcoding fúngico en una rotación de cereal y detectaron efecto legado del cultivo precedente sobre la comunidad fúngica después de un trigo de primavera y de una cebada de invierno. Lo que se siembra como cubierta se sigue leyendo en el suelo dos cultivos después.

La consecuencia práctica es incómoda para quien ya encargó el análisis: si el estudio se hizo solo con 16S, los hongos no están en los datos. Qué técnica responde a qué pregunta está contado aparte, pero el resumen para cubiertas es corto: sin ITS no hay ensayo de cubiertas.

Especie de cubierta: no da igual cuál siembres

El trabajo de Finney y colaboradores es el más útil aquí porque comparó especies, no «cubierta sí o no». Encontraron asociaciones específicas que se mantenían tanto en monocultivo de cubierta como en mezcla:

  • Gramíneas. Las micorrizas arbusculares eran más abundantes bajo avena (Avena sativa) y centeno (Secale cereale).

  • Leguminosas. Los hongos no micorrícicos se asociaban positivamente a la veza (Vicia villosa).

  • Vegetación espontánea. El testigo de flora arvense se asociaba a mayores proporciones de actinomicetos y de bacterias Gram positivas. No sembrar nada tampoco es neutro: es otro tratamiento.

Detheridge y colaboradores añaden un matiz que importa en finca: achicoria (Cichorium intybus), trébol rojo (Trifolium pratense) y trébol blanco (Trifolium repens) produjeron comunidades fúngicas divergentes, y bajo trébol la diversidad fúngica fue notablemente menor. Lo vincularon al nitrógeno: el nitrato del suelo correlacionaba negativamente con las micorrizas arbusculares y con otros grupos asociados a la raíz —endófitos septados oscuros, «CHEG», Sebacinales, Ceratobasidiaceae—.

Hay aquí una tensión real que conviene no esconder: Bowles y colaboradores señalan las leguminosas, combinadas con siembra directa, como la opción que más favorece la formación de micorrizas, mientras Detheridge ve menos diversidad fúngica bajo trébol. No se contradicen: colonización y diversidad no son la misma medida. Una leguminosa puede aumentar cuánta raíz está micorrizada y a la vez estrechar el reparto de taxones, sobre todo si deja nitrógeno disponible. La decisión depende de qué se busque —más micorriza o más cartera de hongos— y del nivel de nitrógeno de partida.

El metaanálisis de 93 estudios en frutales

En leñosos el balance está mejor cuantificado que en herbáceos. Liu y colaboradores (2025) agregaron 93 publicaciones sobre cubierta herbácea viva bajo el árbol, y es ahí donde aparece la asimetría del título con un número al lado:

  • Hongos: +36,37 % de abundancia. Bacterias: +9,9 %. Casi cuatro veces más respuesta en la parte fúngica.

  • Suelo: materia orgánica +24,11 %, nitrógeno total +15,93 %, nitrógeno disponible +16,22 %, fósforo total +10,09 %, fósforo disponible +12,92 %, potasio total +11,96 % y humedad +14,02 %.

  • Enzimas: fosfatasa +23,42 % y sacarasa +28,59 %. Las dos apuntan a mineralización más activa, no solo a más biomasa.

  • Cultivo: más rendimiento, mayor peso medio del fruto y más azúcar soluble.

Los propios autores condicionan el resultado: la respuesta de los nutrientes dependía del tipo de hierba, del origen de la cubierta —sembrada o espontánea—, de la edad de los árboles y de los años que llevaba la cubierta. Y hay dos límites que conviene tener delante antes de extrapolar a una finca mediterránea. El primero es que los datos microbianos son abundancias y actividades enzimáticas, no composición por secuenciación: dicen cuánto, no quién. El segundo es que el estudio no aborda la competencia por el agua en secano, que es precisamente la objeción que pone cualquier agricultor de almendro o de viña en seco. El resumen completo está en nuestra sección de ciencia.

Para cultivos perennes, la revisión de Vukicevich y colaboradores (2016) es el marco de referencia: plantea la cubierta como herramienta para aumentar la diversidad microbiana del suelo y frenar el declive que se observa en plantaciones leñosas de larga duración.

Siega, herbicida o laboreo: qué hacer con ella

Cómo se termina la cubierta cambia el resultado tanto como qué se siembra, y es la parte que más se decide por costumbre.

  • Enterrar o no enterrar. En el ensayo de Detheridge, tras la cebada de invierno las micorrizas arbusculares y los hongos «CHEG» eran más abundantes en las parcelas de siembra directa, y los hongos patógenos lo eran en las parcelas labradas. No se detectó efecto del método de establecimiento sobre la comunidad fúngica en su conjunto: el cambio está en grupos concretos, y van en sentidos opuestos.

  • Terminación química. En el metaanálisis de Kim, el beneficio de la cubierta era menos marcado cuando se terminaba con herbicida. Si se busca el efecto biológico, la siega o el desbroce dejan el residuo entero donde la comunidad lo aprovecha.

  • Laboreo. Reducirlo da un efecto del mismo orden que poner la cubierta: en torno a un 30 % más de colonización micorrícica, y un 11 % más de riqueza de taxones micorrícicos en los regímenes de baja intensidad frente al laboreo convencional. Labrar para incorporar la cubierta puede gastar una parte de lo que la cubierta vino a construir.

Qué hacemos en AIMA Agro

Para evaluar una cubierta montamos el estudio con 16S e ITS a la vez. No es un extra comercial: con lo anterior delante, pedir solo bacterias en un ensayo de cubiertas es pagar por no ver el efecto. En análisis de cultivos se elige la combinación según el objetivo.

Dos recomendaciones de diseño que salen directamente de la bibliografía de arriba. Primero, muestrear a más de una profundidad: el efecto de la cubierta se concentra donde está su raíz, y en leñosos esa raíz no coincide con la del árbol. Segundo, no juzgar el ensayo por la diversidad alfa, que es la variable que menos se mueve; la lectura útil está en la biomasa, en los grupos funcionales fúngicos y en los marcadores de nitrógeno y de fósforo.

Y, como siempre, la comparación vale lo que vale el muestreo: misma profundidad, misma posición respecto a la raíz y mismo día en la parcela con cubierta y en la de control. El protocolo está en el post de muestreo.

Referencias

  1. Kim, N., Zabaloy, M. C., Guan, K., & Villamil, M. B. (2020). Do cover crops benefit soil microbiome? A meta-analysis of current research. Soil Biology and Biochemistry, 142, 107701. DOI: 10.1016/j.soilbio.2019.107701

  2. Finney, D. M., Buyer, J. S., & Kaye, J. P. (2017). Living cover crops have immediate impacts on soil microbial community structure and function. Journal of Soil and Water Conservation, 72(4), 361–373. DOI: 10.2489/jswc.72.4.361

  3. Bowles, T. M., Jackson, L. E., Loeher, M., & Cavagnaro, T. R. (2017). Ecological intensification and arbuscular mycorrhizas: a meta-analysis of tillage and cover crop effects. Journal of Applied Ecology, 54(6), 1785–1793. DOI: 10.1111/1365-2664.12815

  4. Detheridge, A. P., Brand, G., Fychan, R., Crotty, F. V., Sanderson, R., Griffith, G. W., & Marley, C. L. (2016). The legacy effect of cover crops on soil fungal populations in a cereal rotation. Agriculture, Ecosystems & Environment, 228, 49–61. DOI: 10.1016/j.agee.2016.04.022

  5. Liu, L., Huang, C., Wu, Y., Rahman, Md. A., & Xiao, Y. (2025). Understory living grass mulch improves soil fertility, fruit yield and quality. Journal of the Science of Food and Agriculture, 105(15), 8677–8686. DOI: 10.1002/jsfa.70100

  6. Hartman, K., van der Heijden, M. G. A., Wittwer, R. A., Banerjee, S., Walser, J.-C., & Schlaeppi, K. (2018). Cropping practices manipulate abundance patterns of root and soil microbiome members paving the way to smart farming. Microbiome, 6(1), 14. DOI: 10.1186/s40168-017-0389-9

  7. Vukicevich, E., Lowery, T., Bowen, P., Úrbez-Torres, J. R., & Hart, M. (2016). Cover crops to increase soil microbial diversity and mitigate decline in perennial agriculture. A review. Agronomy for Sustainable Development, 36(3), 48. DOI: 10.1007/s13593-016-0385-7

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