Fósforo: por qué el P que aplicas no llega a la raíz

Fósforo: por qué el P que aplicas no llega a la raíz

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Equipo Científico AIMA

AIMA Agro ·
9 min de lectura
Suelo
Cultivos

El fósforo es el nutriente que peor viaja. En un suelo calizo, buena parte del que aplicas deja de estar disponible en semanas sin haberse movido un centímetro. No se ha ido: está secuestrado, y quien puede devolver parte de él a la solución del suelo no es el abono siguiente.

Por qué el P se queda por el camino

El fosfato es un anión que reacciona con casi todo. En suelos calizos y de pH alto —los de media España— precipita con el calcio; en suelos ácidos se adsorbe sobre óxidos de hierro y aluminio. En ambos casos el resultado es el mismo: el fósforo pasa a formas que la raíz no puede tomar, y el análisis químico lo refleja como fósforo total alto y fósforo disponible bajo.

Hinsinger (2001) revisó la biodisponibilidad del fósforo inorgánico en la rizosfera y el punto central de su repaso sigue siendo el más útil para quien abona: la disponibilidad no es una propiedad fija del suelo, sino algo que se modifica localmente por los cambios químicos que la propia raíz induce —pH, exudados, concentración iónica— en los pocos milímetros que la rodean. Dos suelos con el mismo valor de laboratorio pueden comportarse distinto porque la rizosfera no es el suelo.

A eso hay que sumar el fósforo heredado. Décadas de abonado fosfatado han dejado en muchos suelos agrícolas un almacén considerable de P no disponible, y Menezes-Blackburn y colaboradores (2018) dedicaron una revisión a las opciones para movilizarlo. La conclusión que importa aquí es que ese almacén existe y es grande: la pregunta agronómica no es solo cuánto aportar, sino cuánto de lo que ya está puede volver a circular.

Ácidos orgánicos y fosfatasas: dos problemas distintos

Richardson y Simpson (2011) describen los dos mecanismos por los que los microorganismos del suelo intervienen en la disponibilidad de fósforo, y conviene no confundirlos porque atacan a dos fracciones diferentes:

  • Solubilización del P inorgánico. Secreción de ácidos orgánicos —cítrico, oxálico, glucónico— que bajan el pH local y quelan el calcio, el hierro o el aluminio que retienen el fosfato. Actúa sobre el fósforo precipitado.

  • Mineralización del P orgánico. Enzimas fosfatasas y fitasas que cortan el fosfato de las moléculas orgánicas en las que está atrapado —restos, fitatos, materia orgánica del suelo—. Actúa sobre una fracción que en muchos suelos agrícolas es la mitad del fósforo total.

La segunda vía tiene además un marcador aprovechable. Fraser, Lynch, Entz y Dunfield (2015) midieron en un ensayo de manejo de larga duración la actividad fosfatasa alcalina y la abundancia del gen bacteriano phoD, y encontraron relación entre las dos. Es un caso poco común y por eso vale la pena señalarlo: lo habitual es que la abundancia de un gen no prediga la velocidad del proceso, como está contado en el post sobre inferencia funcional.

Quién lo hace, y por qué eso no basta

Los géneros que aparecen en cualquier informe asociados a solubilización de fósforo son conocidos: Bacillus, Pseudomonas, Penicillium, Aspergillus, Enterobacter. Detectarlos indica que el suelo tiene capacidad instalada. No indica cuánto fósforo están liberando.

Y aquí hay que ser honesto con lo que dice la literatura, porque es incómodo para media estantería de producto. Raymond y colaboradores (2021) hicieron una evaluación crítica de los microorganismos solubilizadores de fósforo como vía para mejorar la productividad del cultivo, y su lectura es dura: la mayoría de los efectos positivos se han obtenido en condiciones controladas, mientras que los ensayos de campo fallan con mucha más frecuencia en demostrar respuesta. Los autores concluyen que los mecanismos vistos in vitro no se traducen en mejor nutrición fosfatada en el sistema suelo-planta real, y plantean que estos microorganismos no movilizan fósforo suficiente para cambiar el entorno nutricional del cultivo en campo.

Eso no invalida el dato microbiológico; invalida una forma de venderlo. Un gremio solubilizador bien representado es una característica del suelo que merece seguirse en el tiempo y compararse entre parcelas. Lo que no es, es un sustituto del fósforo que hay que aportar.

La micorriza no solubiliza: transporta

La otra vía microbiana para el fósforo no consiste en liberar más, sino en ir a buscarlo más lejos. El micelio de los hongos micorrícicos arbusculares explora un volumen de suelo que la raíz no alcanza y entrega el fosfato dentro de la célula vegetal.

Smith, Jakobsen, Grønlund y Smith (2011) sintetizaron algo que cambia la interpretación de muchos ensayos: en la planta conviven dos rutas de absorción de fósforo, la directa por la raíz y la micorrícica, y la segunda puede aportar una parte muy grande del fósforo absorbido incluso cuando no se observa respuesta en crecimiento. Es decir: que una micorrización no se traduzca en más cosecha no significa que no esté funcionando; puede estar sustituyendo a la vía directa en vez de sumarse a ella.

La consecuencia práctica es la que más se olvida: la simbiosis se regula por el estado de fósforo de la planta. Con fósforo abundante, la planta tiene poco incentivo para mantener el contrato, y la colonización baja. Cargar de fosfato una plantación para «asegurar» es también la forma más eficaz de apagar la vía que no cuesta dinero.

Qué decisión de abonado soporta este dato

  • Localizar antes que subir la dosis. Si el problema es fijación, más unidades repartidas por toda la superficie significan más fósforo precipitado. Aplicación localizada y fraccionada reduce el tiempo de contacto con el suelo que lo secuestra.

  • Aportar carbono donde se quiere actividad. Las dos vías microbianas son procesos que consumen energía: sin materia orgánica fresca el gremio está, pero no trabaja. Restos, enmiendas y cubierta son el combustible.

  • No apagar la micorriza con el arranque. En leñosos y en cultivos con dependencia micorrícica, revisar si el fósforo de fondo es tan alto que hace innecesaria la simbiosis. Y recordar que la labranza rompe el micelio.

  • Exigir testigo a los solubilizadores. Dado lo que muestran los ensayos de campo, un producto de este tipo se prueba en una franja contra un testigo de la misma parcela, dos tiempos, antes de extenderlo a la finca.

  • Mirar el pH antes que el catálogo. En suelo calizo, bajar localmente el pH de la zona de raíz —fertirrigación ácida, fuente de P adecuada— suele mover más fósforo que cualquier inóculo.

Qué hacemos en AIMA Agro

En el análisis de microbioma de suelo agrupamos los organismos detectados por gremios, y el del fósforo se reporta separado en sus dos piezas —solubilizadores de P inorgánico y mineralizadores de P orgánico—, junto con la presencia de hongos micorrícicos. Son tres respuestas distintas a tres preguntas distintas, y mezclarlas en un único «índice de fósforo» no ayudaría a nadie.

Cuando hay que demostrar actividad y no capacidad —si una enmienda o un producto está moviendo de verdad la vía— el nivel que corresponde es la expresión génica, con genes marcadores como phoD en tratado frente a testigo.

Y como el fósforo es justo donde la lectura conjunta más aporta, si hay analítica química o foliar de la misma parcela, AIMA Vita las integra con el perfil microbiano: fósforo total alto, disponible bajo y gremio solubilizador presente es un diagnóstico bastante distinto de los tres valores por separado.

Referencias

  1. Hinsinger, P. (2001). Bioavailability of soil inorganic P in the rhizosphere as affected by root-induced chemical changes: a review. Plant and Soil, 237(2), 173–195. DOI: 10.1023/A:1013351617532

  2. Richardson, A. E., & Simpson, R. J. (2011). Soil microorganisms mediating phosphorus availability. Plant Physiology, 156(3), 989–996. DOI: 10.1104/pp.111.175448

  3. Raymond, N. S., Gómez-Muñoz, B., van der Bom, F. J. T., Nybroe, O., Jensen, L. S., Müller-Stöver, D. S., Oberson, A., & Richardson, A. E. (2021). Phosphate-solubilising microorganisms for improved crop productivity: a critical assessment. New Phytologist, 229(3), 1268–1277. DOI: 10.1111/nph.16924

  4. Smith, S. E., Jakobsen, I., Grønlund, M., & Smith, F. A. (2011). Roles of arbuscular mycorrhizas in plant phosphorus nutrition: interactions between pathways of phosphorus uptake in arbuscular mycorrhizal roots have important implications for understanding and manipulating plant phosphorus acquisition. Plant Physiology, 156(3), 1050–1057. DOI: 10.1104/pp.111.174581

  5. Fraser, T., Lynch, D. H., Entz, M. H., & Dunfield, K. E. (2015). Linking alkaline phosphatase activity with bacterial phoD gene abundance in soil from a long-term management trial. Geoderma, 257–258, 115–122. DOI: 10.1016/j.geoderma.2014.10.016

  6. Menezes-Blackburn, D., Giles, C., Darch, T., George, T. S., Blackwell, M., Stutter, M., et al. (2018). Opportunities for mobilizing recalcitrant phosphorus from agricultural soils: a review. Plant and Soil, 427(1–2), 5–16. DOI: 10.1007/s11104-017-3362-2

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